Miedo, Miedo, Miedo
“El Rey y la Puerta Misteriosa”
Había una vez un rey cruel que ofrecía a los condenados a muerte una elección: podían escoger ser ejecutados por una flecha certera o abrir una puerta oscura y aterradora. En el reino existían muchas historias tenebrosas sobre lo que se escondía detrás de la puerta: bestias terribles, trampas mortales o algo peor, algo más allá de la imaginación humana. Ante la idea de enfrentar lo desconocido, casi todos los prisioneros preferían la muerte rápida y segura de una flecha.
Un día, un joven prisionero, curioso y valiente, decidió preguntar:
— ¿Qué hay detrás de la puerta?
El rey, con una sonrisa, respondió:
—Nadie lo sabe, porque nadie se ha atrevido a abrirla.
Con el corazón acelerado, el joven caminó lentamente hacia la temida puerta. Colocó su mano en el frio metal del picaporte, y con un solo movimiento, la abrió.
Para su sorpresa y la de todos, lo que encontró no fue muerte ni monstruos, sino un sendero que llevaba hasta el bosque, hacia la libertad.
El rey, observándolo marchar, susurró:
—Detrás de esa puerta siempre ha habido libertad, pero el miedo a lo desconocido puede paralizarnos hasta el punto incluso de preferir la muerte.
El miedo no siempre es algo negativo. Es, sin duda, de las emociones más importantes para el ser humano. Tanto para la vida personal de cada individuo como para el desarrollo de la especie. Desde el punto de vista evolutivo el miedo ha sido esencial para alertarnos de peligros potenciales, activando respuestas instintivas como el “luchar o huir”. En la vida moderna, cumple funciones psicológicas y emocionales complejas. Nos ayuda a tomar precauciones, reflexionar antes de actuar y evaluar riesgos en situaciones nuevas o inciertas. En este sentido, el miedo nos mantiene seguros y conscientes de nuestras limitaciones. Sin embargo, cuando se vuelve excesivo o irracional, constituye una limitación a nuestra vida. Los miedos forman los barrotes invisibles de nuestra cárcel. Pueden llegar a ser tan fuertes que, como en el cuento, hace que elijamos lo predecible, aunque implique consecuencias nefastas. La puerta representa las nuevas propuestas que llegan a nuestras vidas, los nuevos comienzos, cambios que no podemos controlar, pasos que no nos atrevemos a dar. Todo esto alberga siempre nuevas oportunidades que pueden aportar mucho a nuestra realización. Si colapsamos y damos marcha atrás, nos espera inexorable la flecha mortal que es quedarnos en nuestra zona de confort. Donde no hay desarrollo ni expansión pues tiene unos límites bien definidos. Toca elegir entre no afrontar el miedo, pero a la vez perder la oportunidad de crecer o, afrontarlo y avanzar hacia lo desconocido, obteniendo sus recompensas.
Cada persona llega hasta donde le permiten sus miedos, por lo que todo desarrollo y crecimiento personal pasa necesariamente por el reconocimiento y superación de estos.