La lógica y la razón no siempre son suficientes
Hola,
Existe un cuento en el argot terapéutico que ilustra muy bien cómo funciona nuestra mente profunda.
Trata de un hombre que vivía sumergido en un mar de nervios porque estaba absolutamente convencido de que era un grano de maíz.
Como es lógico, su vida era un tormento: vivía con el miedo constante de ser devorado por las gallinas.
Desesperado, decidió buscar ayuda. Pasó por consultas de diversos especialistas, probó diferentes métodos y, tras mucho bregar, un equipo de terapeutas muy prestigioso logró el milagro: a base de lógica, argumentos y realidad, lo convencieron de que era, en realidad, un ser humano.
El hombre estaba feliz. Los terapeutas, también; habían logrado erradicar por fin aquella idea irracional.
Para celebrar el alta, el equipo le organizó una pequeña fiesta de despedida. El hombre, entusiasmado, brindaba con ellos: “¡Qué libertad volver a ser un humano! ¡Muchas gracias a todos!”.
Sin embargo, a medida que avanzaba la velada, su ánimo empezó a decaer. Hacia el final de la noche, se le veía completamente apesadumbrado, mirando al suelo con angustia.
Los especialistas se temieron lo peor. Se acercaron a él y, preocupados, le preguntaron: “¿Qué pasa? ¿Has vuelto a pensar que eres un grano de maíz?”.
El hombre levantó la cabeza y respondió: “No, no. Por supuesto que no. Estoy completamente convencido de que soy un hombre”.
Hizo una pausa, tragó saliva y, con un hilo de voz, añadió: “Pero… ¿ya se lo dijeron a las gallinas?”.
El engaño de la comprensión intelectual
Esta historia, que la verdad resulta muy simpática, encierra una realidad incómoda pero muy humana: saber que un miedo es irracional no siempre es suficiente para dejar de sentirlo.
A menudo creemos que nuestro desarrollo personal es un proceso puramente intelectual. Pensamos que, si entendemos el origen de lo que nos pasa o si razonamos lógicamente nuestros problemas, el malestar debería desaparecer.
Pero los traumas no son un fenómeno que se circunscriben solamente al área mental. También se alojan en el cuerpo.
Nuestras estructuras emocionales más profundas, aquellas que gestionan el miedo y la supervivencia, no responden a los datos ni a las estadísticas. Responden al impacto de la experiencia. Puedes saber, con total certeza mental, que hoy estás a salvo… pero tu cuerpo y tu sistema nervioso siguen reaccionando como si las gallinas estuvieran a punto de entrar por la puerta.
El cambio verdadero no ocurre cuando la cabeza lo comprende, sino cuando el cuerpo se siente seguro para integrarlo. Y eso, casi siempre, requiere tiempo, paciencia y un trato muy amoroso hacia nosotros mismos.
Una invitación para mirar hacia adentro
Hoy te invito a observar esos rincones de tu vida donde la lógica parece no ser suficiente:
• ¿En qué área de tu vida ya sabes perfectamente lo que te pasa «en la cabeza», pero tu cuerpo sigue reaccionando con miedo o ansiedad?
• ¿A qué «gallinas» de tu presente les sigues teniendo miedo, aunque racionalmente sepas que ya no pueden hacerte daño?
• ¿Cómo cambiaría tu proceso si dejaras de exigirte cambiar rápido y empezaras a respetar tu propio ritmo?
Comprender es el primer paso, pero habitar la seguridad es un camino que se recorre despacio.
Si sientes que tu cabeza ya tiene las respuestas, pero a tu cuerpo todavía le cuesta confiar en el proceso, estaré encantado de acompañarte a traducir esa lógica en una verdadera paz sentida.

