La belleza de dejar ir
Hoy quiero compartir una imagen que me acompaña cuando pienso en cómo transitamos la vida. Es la imagen de un bosque: un lugar lleno de belleza, crecimiento… y ciclos.
En ese bosque, las hojas representan nuestras experiencias, amistades, amores, trabajos y versiones de nosotros mismos. Naturalmente nos aferramos a ellas cuando están verdes, vibrantes, llenas de sentido. Quisiéramos que la primavera fuera eterna.
Pero la vida, como el bosque, sigue su curso. Y algunas hojas, inevitablemente, cambian de color, se marchitan y caen.
El Engaño del Control
Ahí es donde suele aparecer nuestra parte más infantil y apegada: la que se resiste a aceptar que algo terminó. A veces nos encontramos intentando “pegar” al árbol hojas que ya cumplieron su ciclo.
Nos aferramos a amistades que se cerraron, a trabajos que ya no nos alimentan, a identidades que dejaron de reflejarnos. Queremos que “todo siga igual”, aunque ese “igual” nos deje sin aire.
Mientras nos obstinamos en sostener lo que ya fue, perdemos de vista los brotes nuevos que ya están ahí, esperando nuestra atención.
El maestro zen Thích Nhất Hạnh lo dice de forma luminosa:
“El problema real no es que las margaritas se marchiten, sino la idea de que no debieran marchitarse nunca.”
La Sabiduría de la Impermanencia
La verdadera madurez emocional consiste en reconocer que todo pasa, y que la impermanencia no es un castigo, sino la ley natural que hace posible el crecimiento.
Aceptar el ciclo completo —la hoja verde, la dorada y la que se convierte en abono— es un acto de confianza. Soltar la hoja que cayó no significa que no la valoraste; significa que honras el movimiento de la vida más que la ilusión de un control permanente.
Cuando soltamos, recuperamos energía. Dejamos de luchar contra lo inevitable y abrimos espacio para lo que está naciendo ahora mismo.
Hoy te invito a mirar el suelo de tu vida:
· ¿A qué hoja marchita sigues aferrándote?
· ¿Qué parte de tu presente evitarías mirar si soltaras?
· ¿Qué versión de ti teme quedarse sin rumbo si deja ir?
Soltar no es perder: es hacer espacio.
Si sientes que necesitas acompañamiento para distinguir qué es una hoja seca y qué es una rama viva que merece cuidado, estaré encantado de caminar contigo este proceso de discernimiento y aceptación.

