El precio de vivir como un náufrago
Cuando pensamos en un naufragio, enseguida nos invade esa sensación de desesperación: nuestra embarcación se ha hundido y estamos en medio del océano intentando, simplemente, no ahogarnos.
En ese estado, el náufrago no elige; solo reacciona. Busca algo a lo que sujetarse, lo que sea que le permita sobrevivir. No hay exigencias ni condiciones. Puede ser un salvavidas de última tecnología, pero también sirve una tabla podrida.
La consigna interna es clara: «Si flota, es suficiente».
Hay momentos o etapas de nuestra vida en los que funcionamos bajo esta misma mentalidad de emergencia. Vivimos como si no tuviéramos opciones, viviendo nuestro presente con temor y mirando con desesperanza al futuro.
Es entonces cuando empezamos a cargar y aceptar «tablas salvavidas» que, aunque nos mantienen a flote, empobrecen nuestra existencia.
• Puede ser ese trabajo donde no eres valorado y el ambiente es tóxico, pero te aferras a él porque crees que ahí fuera no hay opciones para ti.
• Puede ser esa relación llena de desdicha y silencios, que sostienes sólo porque «por lo menos» aleja el fantasma de la soledad.
El problema de la tabla podrida es que no está hecha para navegar. Te mantiene a flote, sí, pero te impide nadar hacia tu orilla.
Existen muchas situaciones con las que nos conformamos que, si nos sintiéramos emocionalmente en «tierra firme», jamás aceptaríamos. El miedo a la carencia nos nubla el criterio. Cuando creemos que el recurso es escaso (amor, dinero, oportunidades), aceptamos las migajas como si fueran un banquete.
Necesitamos recordar que la supervivencia es un estado temporal, no un destino. No fuimos diseñados para vivir agarrados a una tabla maltrecha el resto de nuestra vida.
Hoy te invito a mirar con honestidad a lo que te aferras como si no existiera nada más:
• ¿A qué te estás sujetando hoy por miedo a que no haya nada más en el horizonte?
• ¿Qué decisiones tomarías hoy mismo si supieras que tienes los pies sobre tierra firme?
• ¿Esta situación te está permitiendo crecer o te obliga a un esfuerzo constante solo para no hundirte?
Si sientes que llevas demasiado tiempo agotada o agotado por sostener lo insostenible, y te cuesta ver hacia dónde nadar, estaré encantado de acompañarte a recuperar la calma y la dirección.

