La vida es como una tarta.
¿Y si tu vida fuera una tarta mal repartida?
Quiero compartir contigo una imagen que me acompaña desde hace años y que suelo utilizar en el espacio terapéutico para representar la vida. Ojalá también te sirva a ti en tu camino hacia una existencia más plena.
La vida es como una tarta. Cada quien la reparte a su manera: según lo que puede, lo que quiere y, a veces, lo que se permite.
Si tu vida fuera una tarta, ¿cuántas porciones tendría?
Y más importante aún: ¿qué tamaño ocuparía cada una?
Cada porción representa una dimensión distinta: los hijos, el trabajo, los amigos, la pareja, los hobbies… incluso los rencores. Las posibilidades son infinitas, y somos nosotros quienes decidimos no solo qué cuñas existen, sino también el espacio que les damos dentro de nuestra tarta.
He conocido personas cuya porción dedicada al trabajo es tan grande que apenas deja lugar para lo demás. Otras, en cambio, no incluyen la gratitud en su tarta.
Hay quienes reparten sus cuñas con equilibrio, y cuando falta una, las demás siguen dando sentido a su vida. Y hay quienes viven con pocas cuñas, temiendo que, si pierden alguna, todo se desmorone.
A veces incluso identificamos aquellas que podrían enriquecer nuestra vida de forma profunda, pero no nos sentimos capaces —o merecedores— de integrarlas.
Lo cierto es que, de manera consciente o no, somos los creadores de nuestra tarta. Y lo mejor: siempre estamos a tiempo de mejorarla, cambiarla o probar una nueva receta.
Claro que no siempre es fácil. Aun sabiendo que la forma en que repartimos nuestras porciones no nos permite vivir en plenitud, el cambio puede asustar. Mover una sola cuña puede alterar todo el equilibrio… y eso da vértigo. Pero también es cierto que el miedo no significa que no podamos cambiar, sino de que algo dentro de nosotros está pidiendo hacerlo de una manera más consciente y acompañada.
A veces, necesitamos alguien que nos ayude a mirar la tarta desde otro ángulo, descubrir nuevas posibilidades y atrevernos a integrar aquello que hasta ahora parecía imposible.
Tal vez hoy sea un buen momento para mirar tu propia tarta con honestidad.
¿Qué cuña se ha hecho demasiado grande?
¿Cuál merece más espacio?
¿Y qué necesitarías para integrar una nueva?
Si algo de esto resonó contigo, me encantaría acompañarte en ese proceso.

